La Vampira del Raval


Ocurre a veces que la verdad supera la ficción, y que en la Barcelona de 1912 alguien parecido a Sweeny Todd ya existió.
Ocurre la mayoría de las veces que las salas de pequeño formato son grandes en todo lo demás, arriesgando donde los otros no lo hacen.
Ocurre a veces que se juntan talentos en una conjunción irrepetible (el compositor Guinovart, el director Villanueva, los actores Mingo Ràfols Pep Cruz o Mercè Martínez) y se produce el milagro en el teatro del Raval.

Basado en la vida de Enriqueta Martí, a Josep Arias Velasco se le ocurrió la idea de hacer un musical, con una materia prima tan tétrica como real. Una Barcelona romántica, la de los anarquistas y la semana trágica, enmarca la historia, que nos recuerda a veces a otro musical de Guinovart: Flor de Nit.

El mérito consiste en hacer soportable ese retrato de maldad, que tuvo lugar en los mismos escenarios donde el público acude a ver la función. Con un conductor de la historia que rápidamente se vuelve innecesario, las canciones se hilvanan por derecho propio y con gran maestría, haciéndonos olvidar y recordar al mismo tiempo la distancia entre esa realidad y la nuestra. Tanto es así que no nos extraña la presencia de una drag-queen en esa historia, ni que algunas cosas parezcan no haber cambiado en 100 años.

Gran oportunidad que merece un viaje a Barcelona.


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