Donde hay agravios no hay celos





De José Rojas Zorrilla
Dirigido por Helena Pimenta
Versión de Fernando Sansegundo
Compañía Nacional de Teatro Clásico: David Lorente, Jesús Noguero, Óscar Zafra, Rafa Castejón, Marta Poveda, Clara Sanchis, Fernando Sansegundo,  Natalia Millán,  Mónica Buiza.

Acordeón de Vadzim Yukhnevich
Teatro Pavón, Madrid (próximamente en gira)

Desde que venimos siguiendo la programación del Centro Nacional del Teatro Clásico se repite: el mismo esquema: Un primer plato fuerte, con un texto potente , la compañía títular y dirigido por la actual directora de la compañía. Más adelante vienen las compañías invitadas, las producciones alternativas y la compañía joven. Este año se han cargado, aparentemente, la producción joven que era una de las que más me gustaban a mí: ¿por qué?

Pienso que Helena Pimenta es buena programadora en general y sabe cazar talentos y aunar voluntades para hacer pequeñas maravillas en la sala de Lavapies (que el año que viene se abandona para volver a su sede original en el Teatro de la Comedia), pero como directora tiene una especie de fórmula que nunca le falla y que consiste en una serie de características que ya hemos visto muchas veces: 
-su preferencia por la comedia, 
-la esgrima y el espadachineo, que nunca faltan,
-el uso de gesticulaciones obscenas para que al público general no se le escape el subtexto, 
-las puertas que se abren y cierran constantemente, en una escenografía que aunque bonita tiene un regusto de dejà vu. 

Ingredientes, como hemos dicho, que nunca fallan en sus funciones y que, a la vista de lo que vimos la otra noche en el Pavón, le funcionan a la perfección. El público se lo pasa en grande y sale muy satisfecho. Interesante, ese público es muchas veces escolar o grupal debido a la larga temporada que han hecho y se trata de crear afición y ganas de ir al teatro. Lo consigue.

El texto es una de esas joyitas poco representadas en los últimos años y de una calidad similar a cualquier comedia de Lope, pero su auto fue eclipsado por éste y Calderón. También cumple pues la función arqueólogica o filológica que debe tener un teatro público de esas características.


Una de las pocas aportaciones que me parecieron originales fue la introducción de la música incidental de acordeón en la función, que a mi me recordó en algún momento al bandoleón del tango, y me hizo pensar si estas comedias de honor tienen mucho o poco de este género musical. 

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