Solitaritate



Autoría y dirección: Gianina Cărbunariu



Con Florin Coşuleţ, Ali Deac, Diana Fufezan, Adrian Matioc, Mariana Mihu, Ofelia Popii Cristina Ragos, Ciprian Scurtea, Marius Turdeanu

Teatro Nacional Radu Stanca (Bucarest), visto en el Teatro de la Abadía (Madrid)

Siempre agradezco, y en este caso también, a quien me acerca otros teatros, otras dramaturgias diferentes a las que conocemos. En este caso hay que agradecer al Teatro de la Abadía que lo ha traído a Madrid y al Festival de Teatro de Avignon que comisionó a la prestigiosa (hasta ahora, sólo en su país) directora Gianina Cărbunariu para hacer este Solitarite, a partir de un juego de palabras en rumano sobre las palabras soledad y solidaridad.


Unos políticos que negocian y nos convencen de cómo tiene que ser el muro que separa la ciudad histórica de la parte donde vive la comunidad romaní, una pareja que analiza los pros y contras de contratar una niñera filipina, una gran actriz que se muere y que desde el ataúd, escucha el balance que hacen sus seres allegados de su vida, una familia que pasa apuros económicos...

Las historias que se nos narran (cinco, con un sutil hilo conductor) están tan bien narradas que aunque versen sobre temas de actualidad en Rumania es fácil reconocer los arquetipos humanos con sus grandezas y sus miserias tan universales e incluso elementos de nuestro pasado más reciente: la necesidad de sentirse europeo aún renegando de nuestras costumbres, cómo se comporta la clase media cuando se siente nouveau riche, las amistades peligrosas que trae la política, las relaciones entre arte y poder...


Hay más todavía: soluciones teatrales preciosas, como el taxista que va caminando por una maqueta de la ciudad de Bucarest mientras hace su monólogo, juegos metateatrales, como cuando al principio de la función los actores se reparten las butacas del público para saber lo que cobrarán... Y por supuesto una visión ácida y crítica del estado de las cosas en esa Rumanía europea que no se diferencia tanto de cualquier otro país de la UE.

Los actores son estupendos, inconmensurables, y también lo es la escenografía, en muchas ocasiones de dimensiones épicas. 


Una gozada.

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