Enrique VIII y la cisma de Inglaterra

de Calderón de la Barca.


(Rey Enrique VIII) Sergio Peris-Mencheta,  (Cardenal Volseo) Joaquín Notario, (Carlos, embajador de Francia) Sergio Otegui, (Tomás Boleno) Chema de Miguel, (Dionis, capitán)  Pedro Almagro, (Pasquín) Emilio Gavira, (Reina Doña Catalina) Pepa Pedroche, (Infanta María) Natalia Huarte, (Ana Bolena)  Mamen Camacho, (Margarita Polo) María José Alfonso, (Juana Semeira) Anabel Maurin, (Soldado) Alejandro Navamuel  (Servidor de escena) Antonio Albujer (Servidor de escena): Karol Wisniewski
Músicos:  Anna Margules/Trudy Grimbergen (Flauta de pico), Calia Álvarez (Viola de Gamba)
Versión: Jose Gabriel López Antuñano
Dirección: Ignacio García 

Vaya por delante un aviso a navegantes: no es la mejor obra de Calderón. Los personajes adolecen en gran medida de una falta de redondez que los acerca a la parodia. Ana Bolena malísima, un Boceo maquiavélico de manual y una Catalina supercatólica y por ende españolísima. Un rey, que, en su doble condición de monarca y hombre, no se puede equivocar porque sus errores los pagaría la misma institución y el orden mundial. Consejo al rey de España de entonces, Felipe IV: hay que tener un criterio fuerte para gobernar porque los asesores y la gente cercana al poder solamente quieren sacar provecho propio.


Propaganda política directamente traída desde el siglo XVII al teatro Pavón. Si la entendemos de esta manera, podemos empezar a disfrutarla. A mí me costó unos 10 minutos, al principio. Además, el verso de Calderón siempre es agradable de escuchar y se disfruta mucho.

Otro atractivo de esta producción es la puesta en escena que, para variar, es de época (magnífico vestuario que firma Pedro Moreno) y no excesivamente rompedora, lo cual se agradece en un texto que es bastante atípico en Calderón y que como hemos dicho confunde un poco al principio.

Como viene siendo costumbre en el Pavón hay música en directo de la época, un plus que agradecen muchos espectadores también.

Finalmente, cabe mencionar el gran trabajo de los actores, en los que lamentablemente se percibe una diferencia notable entre los que están acostumbrados a recitar el verso clásico (fantásticos Emilio Gavira y Joaquin Notario, actores de la casa) y los que vienen de otros registros en los que se mueven mejor. No sabemos si es fallo de dirección o no, pero se nota en exceso el diferente acento interpretativo de estos con el fantástico actor invitado para la ocasión, Sergio Peris-Mencheta, del que creo que no se le ha sacado todo el potencial que tiene.




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