El cabaret de los hombres perdidos


De Christian Siméon (libreto) y Patrick Laviosa (Música)
Dirección: Víctor Conde
Adaptación: Jorge Roelas y Alicia Serrat
Reparto: Cayetano Fernández, Ferran González, Armando Pita, Ignasi Vidal. 
Notable Coreografía de Amaya Galeote

Otro espectáculo inclasificable, que no es cabaret, pero tampoco es un musical, y que sin embargo parece que quiere tener una trascendencia, una grandilocuencia propia de una opera contemporánea. Se ha visto en Paris y en Buenos Aires con notable éxito antes de llegar a Madrid.

Un muchacho (Cayetano Fernández) encuentra refugio en un salón de tatuaje donde un personaje llanado Dedé (Ignasi Vidal fantástico maestro de ceremonias que nos recordó al mejor Javier Gurruchaga de los 80) le ofrece un nuevo destino, un destino en el que vivirá deprisa pero se encaminará a la autodestrucción. El sólo quería ser cantante...

Tiene canciones muy inmediatas, muy de musical clásico y coreografías sorprendentes y muy bien encontradas, como la de la estrella decadente Katherine Glove (sublime Ferran González, también hace otros papeles) o el número final donde el tatuador (Armando Pita) le ofrece una vida normal al protagonista. 

Pero es en conjunto irregular, no encaja desde luego donde se estrenó, en los teatros del Canal y esperamos que tenga más suerte en el Infanta Isabel. Juega a ser anticonvencional, a épater les bourgeois. Pero el público del siglo XXI ya ha visto muchas cosas y, sin un poco más de trasfondo, no se consuela con eso y quiere algo más. Falta realmente contenido, ya sea materia para pensar o emociones que sentir en unos personajes estereotipados y de los que se espera más por el tono trágico que se le quiere dar al conjunto, empezando por la aparición del muchacho o a la vista de la gótica y recargada escenografía.

Si uno espera pasar el rato y basta es una muy buena opción. ¿Pero por qué da la impresión de que la obra pretende más y se queda en el camino? 

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