In memoriam (La quinta del biberón)





Texto, dirección y escenografía: Lluís Pasqual


Intérpretes: Joan Amargós, Enric Auquer, Quim Ávila, Eduardo Lloveras, Lluís Marqués, Joan Solé


Músicos: Oriol Algueró/Isaac Bachs/Ricard Renart, violines; Guillermo Martínez/Joan Palet, violonchelo; Dani Espasa, Marc Díaz, clave y órgano; Robert González, voz.


Teatre Lliure, visto en el Teatro María Guerrero de Madrid



Todo lo que pueda decir después de haber visto este prodigio se quedará corto, de manera que me cuesta empezar.


A partir de un tío de Lluís Pasqual que luchó en la batalla del Ebro y tras un año y medio de entrevistas a supervivientes de la quinta del Biberón (dos de ellos han fallecido recientemente), el director cumple con un acto de justicia, rindiendo un homenaje o una ceremonia civil que nunca tuvieron estos jóvenes en su mayoría obligados a alistarse. Para darle este carácter solemne, casi de liturgia, se incluye un cuarteto de cuerda con música de Monteverdi (y algo de Purcell). También hay presentaciones multimedia, documentales filmados de la época, así como archivos sonoros que aportan realismo y nos recuerdan a cada momento que los horrores de esa guerra, y de todas las guerras, son reales y han sucedido.










Desde el punto de vista del trabajo actoral, me cuentan que en la versión catalana los actores han trabajado mucho los acentos para representar el área de donde venían. En la versión que hemos visto, parcialmente sólo en catalán, también se han esforzado en representar como debían hablar el castellano los jóvenes de los años 30, sin muchos referentes y con un acento muy pronunciado. Esto, con su buen hacer y su gran clase como intérpretes, ya tan jóvenes, les proporciona autenticidad desde el primer momento.













Algo impresionante también es como han adoptado los diferentes testimonios , los han hecho suyos, y han construido historias nuevas a partir de la verdad más absoluta. Los personajes tienen los mismos nombres que los actores no sólo porque el grado de identificación es inmenso, sino porque sus personajes los han levantado desde dentro.


Tampoco pueden todas las compañías y todos los directores hacer lo que hacen Lluís Pasqual y sus muchachos: paran en diversos momentos la narración, para aportar una explicación, hacer una reflexión como ellos mismos, y más que no quiero desvelar, para volver enseguida a sus personajes y ponernos en situación de nuevo. Mucha mili, valga el juego de palabras, hay que tener para permitirse este juego y que salga bien. De manera similar, hay momentos in crescendo, con posterior anticlimax necesario para poder respirar un poco en un trabajo terriblemente conmovedor y del que se sale tocado como mínimo. Leo por ahí que va a haber gira por España y fuera de ella. Sigan esa gira y vayan a verla, que es una de esas funciones que no se olvidan.

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