Memoria Histórica


Estas vacaciones las estoy pasando en la fantástica y muy histórica ciudad de Berlín.

Como siempre que uno está de viaje, se tiende a comparar las maneras, las actitudes, los comportamientos de las personas. Hay cosas que me parecen mejores que en casa y cosas que no, como también es natural. Pero hoy me gustaría hablar de algo de lo que creo que tenemos que aprender mucho de los alemanes. El tratamiento de su memoria histórica.


Pocas ciudades y países habrán tenido un siglo XX más convulso que Berlín o Alemania. Sin embargo, por todas partes existen museos, exposiciones, monumentos, recuerdos... que evocan el pasado de sus calles y sus gentes. El museo de la DDR, el museo de los judíos, la topografía del terror nazi... la lista es inacabable. Un ejemplo aparentemente contradictorio es que hay un monumento que recuerda la entrada de los rusos como libertadores del yugo nazi, y en otros lugares, un recuerdo a las víctimas del comunismo.

Ningún acontecimiento histórico es bueno ni malo como tal; sencillamente hay que explicarlo con la mayor objetividad posible con sus causas y consecuencias, y con todos los detalles con un objetivo que para mí es claro: aprender de los errores del pasado.

Acabo de ver una exposición en la Alexanderplatz sobre los años duros del comunismo en que los actores (políticos, gente de la calle, activistas, militares) aparecen con nombres y apellidos sin que nadie se rasgue las vestiduras. Seguramente los hijos o los nietos de estas personas deambulan por la inmensa plaza sin que se tengan que ver afectados por los hechos que protagonizaron sus antecesores. ¡No pasa nada!

Y ahora viajemos hacia la situación española. Recordemos los papeles de Salamanca, los dimes y diretes con las fosas comunes o la que le están montando al juez Garzón...

¿Por qué esta diferencia?

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