La Caja



Teatro Lara (Madrid) , desde el 1 de mayo.

Intérpretes: César Camino, Javier Martín, Fran Nortes, Daniel Gallardo, Irene Arcos, Leticia Etala, Bart Santana, Nacho Diago, Mar del Hoyo, Mónica Vic, Eva Higueras, Joseba Hernández y Fran Calvo
Autor: Michel Clement
Director: Gabriel Olivares

Tengo que confesar que me estoy convirtiendo en un auténtico adicto al teatro Lara. Sus montajes están en el justo punto medio de la comercialidad y del buen oficio que no están reñidos nunca. Teatro sin pretensiones, que sin embargo llena al espectador de todas las emociones que cabe esperar de una buena velada teatral. De modo que, igual que me pasa con el Lliure de Barcelona (pero de un modo muy distinto), me apunto a todo lo que ponen. Una política de comercialización de entradas muy buena (aprovechando todos los posibles canales que hay hoy en día para vender) y la optimización de la sala (que a veces representa tres obras diferentes en un día) hacen posible unos precios populares que son también muy necesarios en los tiempos del IVA al 21%.

De modo que esta vez me las apañé para ver una previa de esta obra, y no me defraudó. 

Cosas de la sala: las escenografías hay que compartirlas. En este caso los decorados son los de Burundanga!, el aclamado texto de Galcerán que pronto se despedirá del teatro de Malasaña. Pero como siempre, los intérpretes y autores hacen de la necesidad virtud y adaptan el texto a la escenografía previa sin que el público eche nada de menos ni de más. Otra innovación que el público no advierte a no ser que repita es que en este montaje los actores se intercambian los papeles en cada función, porque el método de trabajo que eligen es el de trabajar la obra en su conjunto y no los personajes individualmente. Para entendernos, la chica ligera de cascos en la función del martes será la casera fría e impasible en la función de los miércoles, por ejemplo, sin que ello se note ni se tenga que saber.

Un intenso trabajo de equipo (con las técnicas de los entrenamientos Suzuki  y los Viewpoints) que se nota a la hora disfrutar su trabajo (un inteligente texto francés que sabe dar cancha a los actores, unas líneas bien escritas pero que no los ahogan). 

El disfrute de los actores es compartido.

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