El público


de Federico García Lorca
Dirección: Álex Rigola
Notable escenografía de Max Glaenzel
Con Nao Albet, Jesús Barranco, David Boceta, Juan Codina, Rubén de Eguia, Oscar de la Fuente, Laia Duran, Irene Escolar, María Herranz, Alejandro Jato, Jaime Lorente, David Luque, Nacho Vera, Guillermo Weicker, José Luis Torrijo.
Teatro de la Abadía / Teatre Nacional de Catalunya


Siempre es un acontecimiento una nueva puesta en escena de esta Obra, supuestamente irrepresentable y con un aura de incompleta y enigmática, que sin embargo y pese a su tono onírico y surrealista (o quizá por eso mismo), desprende poesía, magia y claridad por todos los poros de la piel. No hace falta entender nada, es un teatro que transpira lirismo, emoción y sensualidad en tal medida que llega de inmediato. No en vano ya ha habido tres versiones notables que se han estrenado en España: la mítica de su descubridor Lluís Pasqual, el primero que se atrevió a intentar ponerla en los escenarios, en 1987, en el Centro Dramático Nacional, y una de la compañía Atalaya de Sevilla que se especializó en el teatro imposible lorquiano y ha llevado a escena las otras dos obras de la trilogía surrealista: la Comedia sin título y Así que pasen cinco años. Pero ésta de Álex Rigola es la que más nos ha gustado.


Quizá porque cuenta con más libertad artística y más sesudos estudios filológicos que cualquiera de las versiones anteriores, esta es la versión donde todos los temas se representan más claramente, como el homoerotismo, y se captan mejor las imágenes revolucionarias o rompedoras con que el poeta granadino quería impregnar esta obra y pretendía cambiar la manera de ver/ir al teatro (cambiar a El público, en definitiva), muy aburguesada en la España de los años 20-30, y a la que las obras de autores vanguardistas como Cocteau, O'Neill o Shaw sólo llegaban en cuentagotas y en ámbitos reducidos como la Residencia de Estudiantes o los grupos de teatro universitarios.

Hay una distinción entre "el teatro al aire libre" y el "teatro bajo tierra", lo que unos años más tarde bien podría llamarse cultura underground. Otro de los aciertos de esta versión es la visualización de ambos mundos mediante una escenografía bellísima e impactante, a medio camino entre el expresionismo alemán y la sala de fiestas Tropicana de la Habana, ciudad donde Lorca escribió esta pieza. La selección musical y las propias composiciones de Nao Albet, también actor aquí, contribuyen a esta grandeza de puesta de escena. Su solo del pastor bobo pone los pelos de punta.


El simbolismo de los personajes, a ratos realistas, a ratos surrealistas desdoblándose de un modo mágico e imperceptible, casi simultáneo, está siempre muy bien resuelto, como la aparición de los caballos (fantásticamente coreografiados, especialmente al final con Laia Duran) o el desnudo rojo de David Boceta. Muy difícil es no nombrarlos a todos, que recitan el texto enigmático pero transparente a la vez con total naturalidad.



Tensión dramática constante entre dos mundos: el teatro como es y cómo debería ser en el siglo XX, la heterosexualidad dominante versus la homosexualidad latente, lo viejo y lo nuevo, el arte falso y el verdadero, la vida como pulsión sexual y la muerte.

Sin duda alguna y como decía al principio un acontecimiento, quizás el acontecimiento de la temporada.


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