Baila, baila, pegamoide




Escrito por Sebastián Moreno

Coreografiado por María Quero

Con Sara Cristea, Flavia Forni, Alba Pineda, María Quero, Po Ruiz e Iciar Ventepan

Dirigida por Jaime Cano

La cuarta pared, Madrid

Hay espectáculos que no se limitan a contemplarse; se padecen y se celebran con la misma intensidad. La última propuesta que llega a nuestra cartelera se mueve en ese territorio fronterizo donde la palabra cede su soberanía al movimiento. Aunque jalonada por breves y atinados pasajes de texto, la obra es fundamentalmente una pieza de danza visceral que traza la genealogía corporal de seis mujeres marcadas por el trance del baile.

El friso resulta hipnótico. Destacan, por la contundencia de sus retratos, las evocaciones de figuras míticas como Pina Bausch —matriarca incontestable de la dramaturgia del cuerpo contemporáneo— y la inefable Pepita Bernal, esa dama centenaria que, a sus 107 años, continúa oficiando el rito de la danza en la histórica Sala La Paloma desde su feliz reapertura en 2023. Sin embargo, los autores no buscan el mero homenaje biográfico; la raíz del fenómeno se hunde mucho más atrás en el tiempo.

El montaje sitúa el origen de esta pulsión en las epidemias de coreomanía medieval, tomando como piedra angular el célebre caso de Frau Troffea, quien en el Estrasburgo de 1518 se entregó a un baile frenético hasta el colapso y la muerte. ¿Se trataba de un exorcismo colectivo ante la angustia de un cambio de época? ¿Una epidemia de histeria? ¿Un vestigio de brujería sofocado por la norma?

Es aquí donde la dramaturgia se vuelve incisiva. Los creadores tienden un puente tan audaz como sugerente entre aquel atardecer de la Edad Media y nuestro propio cambio de paradigma contemporáneo, proponiendo el cuerpo en movimiento como la única catarsis posible frente al colapso. Más allá del calado conceptual de la tesis —que a mi juicio alcanza una solidez y una belleza plástica notables—, el verdadero triunfo de la velada reside en el trabajo de la compañía.

Las intérpretes despliegan una entrega física y emocional deslumbrante. Cantan, sostienen la palabra con convicción y, por encima de todo, habitan la danza con una elocuencia y una ferocidad expresiva como hacía tiempo que no presenciábamos en un escenario. Una pieza imprescindible para comprender que, cuando la razón quiebra, solo nos queda bailar.

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