La profanación de Don Juan (Delirio de Buñuel, Dalí y Lorca)



                                                                Foto: © Luiscar Cuevas


Con  Manuel Moya, Carlos Algaba, Quique Meléndez, María Jáimez, Samuel Viyuela González, Sara Moraleda, Rodrigo Sáenz de Heredia

Dramaturgia y dirección: Juan Mairena, basada en el montaje realizado en 1924 por Buñuel, Dalí y Lorca en la Residencia de Estudiantes.

Teatro Fernando Fernán Gómez, Madrid

Son múltiples los factores que convierten a esta propuesta no solo en un espectáculo enormemente disfrutable, sino en una cita escénica valiosa y, en cierto modo, imprescindible.

Como bien señala Juan Mairena —dramaturgo y director de trayectoria siempre estimulante, como ya demostró en la galardonada Loba—, resulta insólito que a nadie se le hubiera ocurrido llevar antes a las tablas esta bendita locura. Durante su etapa en la Residencia de Estudiantes, Salvador Dalí, Luis Buñuel y Federico García Lorca concibieron una versión del Don Juan Tenorio suspendida entre la devoción por el texto de Zorrilla y la urgencia de ruptura. Una relectura empapada del surrealismo de los dos primeros y del aliento lírico y transgresor del poeta granadino. A aquel hervidero creativo no faltaron las emblemáticas Sinsombrero Maruja Mallo y Margarita Manso, ni el aglutinador de todo el grupo, Pepín Bello. La obra sintetiza de forma prodigiosa aquellas jornadas: selecciona pasajes clave de aquel Tenorio heterodoxo y muestra los entresijos de su gestación y ensayos, en un montaje ágil que jamás resulta pesado.

El resultado es una combinación tan hilarante como explosiva. La dramaturgia exhibe una documentación rigurosa que no pesa sobre la escena; todo lo que acontece en las tablas posee la verosimilitud de lo que pudo haber sido, al tiempo que los personajes se erigen desde un profundo afecto y respeto por sus figuras históricas. En el plano interpretativo, el elenco brilla a gran altura, con mención especial para un magistral Samuel Viyuela como Pepín Bello, una inspirada Sara Moraleda en la piel de Margarita Manso y un incontestable Quique Meléndez encarnando a Dalí.

Aquella pulsión surrealista y la necesidad de agitar la tradición para preservar la esencia misma del arte resultaban provocadoras en la década de 1920. Hoy cobran una vigencia especial en la antesala del centenario de la Generación del 27, un hito que ya empieza a impregnar con acierto las carteleras de la temporada.

El propio Juan Carlos Pérez de la Fuente, director del Teatro Fernán Gómez, ha manifestado su intención de que este estreno concebido para el Día de los Difuntos regrese para hacer temporada completa el próximo año. Cabe esperar que el deseo se materialice: el ingente trabajo volcado en el proyecto merece, sin duda, la continuidad que respalda un resultado tan deslumbrante.

                                                            Foto: © Luiscar Cuevas

Comentarios

Lo más leido