Nada que perder


Compañía La Cuarta Pared
Dramaturgia: QY Bazo, Juanma Romero y Javier G. Yagüe
Dirección: Javier Garcia Yagüe
Intérpretes: Marina Herranz, Javier Pérez-Acebrón, Pedro Ángel Roca
Sala La cuarta pared, Madrid

La teoría de los seis grados de separación, elaborada por el autor húngaro Frigyes Karinthy, y muy popular desde que el dramaturgo John Guare la utilizó para una obra de tetarto homónima, consiste, como el viejo dicho de que "el mundo es un pañuelo", en que todo el mundo en el planeta está conectado con el resto de personas por no más de seis eslabones. Las redes sociales han desarrollado esta idea y de manera sorprendente se han establecido casos de incluso mayor cercanía. 

Aquí, en esta función, se nos representan las causas y las consecuencias de la actual crisis económica con sus figurantes: el político corrupto, el parado, la funcionaria sobornada, el aspirante a minijob basura, la desahuciada, el profesor al que le bajan el sueldo y le doblan los alumnos.... Creo haber contado 22 personajes diferentes, entre 8 actos y un epílogo. La peculiaridad de la historia es que, como en la teoría de los seis grados de separación, hay una relación entre todos ellos, en una ciudad llena de basura por la huelga de los trabajadores de limpieza.

Los tres actores protagonizan los cambios de personaje de un modo prodigioso y nos dejan embelesados. La conjunción de escenas, o de actos, va in crescendo hasta que no podemos más con las situaciones de injusticia. La basura que lo llena todo el escenario adquiere una lógica aplastante.


Respecto al texto, quizás alguien eche de menos más preguntas y menos respuestas. El mensaje está muy claro y poco matizado (el discurso final), y nos gustaría ver "los otros lados" de los personajes: cómo y por qué el corrupto ha llegado hasta aquí, las circunstancias que han rodeado al desdichado trabajador del contrato basura...   a mi entender sólo se consigue en el episodio del cocido que prepara la madre del concejal. Los personajes son a veces un poco planos.


Pero la obra funciona porque tiene un buen ritmo y porque los actores nos sorprenden con sus múltiples registros. Incluye un homenaje a Cervantes, en el año de su centenario.


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