La diatriba del perro



De Cristina Fallarás

Dirigida por Rubén Romero

Interpretación y producción: Sato Díaz

Diseño digital: Paula Ten

Vídeo y foto: María Artigas

Espacio escénico, artes plásticas y vestuario: Bea Castro y Vera Ojeda

Ayudantía de dirección y producción: Carlos Pulpón

Teatro del Barrio, Madrid

Lo que nació como una necesidad logística —la dificultad de Sato Díaz para compaginar ensayos debido al pluriempleo estructural que asola al sector artístico español— ha cristalizado en una pieza teatral de una profundidad inesperada. A partir de la escritura de Cristina Fallarás, el encargo inicial de realizar un unipersonal cómico sobre la figura del «aliado» ha evolucionado hacia una obra ácida e inquietante que huye de la parodia superficial

La trama sitúa al espectador frente a la caída en desgracia de un presentador de televisión, rostro visible del apoyo a las tesis igualitarias, que se ve envuelto en una denuncia por abusos sexuales. La genialidad del texto de Fallarás reside en su capacidad para humanizar al personaje sin exculparlo, planteando interrogantes que sacuden los cimientos del espectador: 

¿Es el perpetrador, a su vez, una víctima de las inercias del patriarcado?

¿Estamos ante un comportamiento históricamente normalizado que colisiona con el nuevo paradigma ético?

¿Qué sucede cuando el acusado intenta apropiarse de consignas como el «Yo sí te creo»?

La obra transita por una atmósfera menos humorística de lo previsto, pero salpimentada con destellos de un cinismo punzante que obliga a la reflexión inmediata.

En el plano actoral, Sato Díaz firma su trabajo más sólido y maduro hasta la fecha. El intérprete logra habitar con absoluta solvencia las dos caras de la moneda: desde la faceta carismática y empática del comunicador de éxito, hasta el reverso más sombrío y desagradable del acusado.

Díaz desprende una energía escénica tan singular que resulta difícil imaginar a otro actor en la piel de este personaje. Su interpretación no solo es creíble, sino necesaria para sostener el peso de una propuesta que busca, ante todo, revolver la conciencia del público.

En definitiva, una pieza magnífica que utiliza el teatro como espejo crítico de las contradicciones de nuestra época.



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