Gigante
Dirigida por Josep Maria Mestres
Con José María Pou, Victòria Pagès, Pep Planas, Clàudia Benito, Aida Llop y Jep Barceló
Verano de 1983. Encontramos a un Roald Dahl acorralado por sus propias circunstancias: en pleno proceso de divorcio y sepultado bajo el estrépito de las reformas en su hogar para recibir a su amante desde hace once años. La inspiración, esquiva ante las presiones editoriales que aguardan el próximo manuscrito, se ve asfixiada por el incendio mediático que él mismo ha provocado. Sus aceradas columnas semanales, donde denunciaba sin ambages lo que calificaba de genocidio israelí contra el pueblo palestino, le han granjeado una legión de detractores. Es en este escenario de tensión donde sus editores intentan arrancarle una retractación que solo sirve para alimentar el fuego de su soberbia intelectual.
La obra de Mark Rosenblatt (2024) aterriza con una oportunismo casi profético, tensando los hilos de dos debates que hoy, más que nunca, queman en las manos: el eterno conflicto en Oriente Medio y la implacable cultura de la cancelación. El texto es de una brillantez típicamente británica; un despliegue de dialéctica vibrante y esgrima verbal donde la palabra es la única arma permitida. Si bien su duración puede resultar algo excesiva para el paladar español, acostumbrado a ritmos más sintéticos, la pieza fluye sin desmayo gracias a la arquitectura interpretativa que la sostiene.
En el centro del escenario, un Josep Maria Pou descomunal fagocita el espacio desde el primer minuto. Su voz cavernosa, su imponente envergadura y ese bastón que blande como una amenaza constante no son más que herramientas al servicio de un oficio magistral. A su lado, unos solventes Pep Planas y Victòria Pagès —nombres que merecerían mayor asiduidad en la cartelera madrileña— logran la difícil tarea de no ser borrados por el huracán Pou, manteniéndose a la altura de un duelo interpretativo de alto voltaje.
Al caer el telón, el espectador abandona la sala con el intelecto bajo sospecha. La obra dispara preguntas incómodas que reverberan durante días: ¿En qué momento la crítica política al Estado de Israel se confunde interesadamente con el antisemitismo? ¿Es lícito, o siquiera posible, salvar la obra del artista cuando el hombre es moralmente cuestionable? ¿Qué pensaría el propio Dahl al ver sus textos hoy mutilados, despojados de "niños gordos" y "brujas feas" en nombre de una corrección política que él habría despreciado?
Una cita imprescindible para los amantes del teatro de ideas. De ese que no solo se ve, sino que se discute mucho después de que las luces se hayan apagado.






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