Gymbros

 


de Jonathan Espino

Con Juan Barahona, Unay Ferrer y Juan López

Dirigida por Víctor Páez

Opción Producciones

Teatros Luchana, Madrid


Lo más encomiable de esta comedia es, precisamente, su falta de pretensiones. No busca la trascendencia, y es en esa honestidad donde reside su mayor virtud: la de funcionar como un eficaz espejo pedagógico para el intolerante, sin necesidad de sermones.

La premisa nos sitúa en una distopía donde la norma es lo que antes era el margen. En este "mundo al revés", los heterosexuales son la minoría y la obra se dedica a diseccionar, con acierto, los tics y atavismos del macho ibérico, pero ejecutados en una suerte de justicia poética inversa. El conflicto estalla cuando un joven asiduo al gimnasio decide "salir del armario" como heterosexual ante sus dos amigos; una confesión que divide al dúo entre la aceptación comprensiva y el prejuicio más rancio.

En la sala de máquinas, dirección y dramaturgia demuestran un dominio notable de los resortes del género. Si bien el texto no esquiva los "topicazos" —recurso peligroso donde los haya—, lo cierto es que estos están integrados con inteligencia y ritmo. La obra no aspira a refundar el canon teatral, pero cumple con creces su cometido de entretener sin mayor ambición que la de ofrecer un rato de asueto bien articulado.

En el apartado interpretativo, el elenco cumple con solvencia, aunque se percibe una notable desigualdad en las energías. El reparto funciona, pero falta una mayor cohesión de conjunto. En este sentido, convendría modular el histrionismo de Unay Ferrer; su personaje ganaría enteros si lograra contener una vis cómica que, por momentos, amenaza con desbordar la verosimilitud de la propuesta.



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