Reforma laboral



de Harold Pinter e Istarman

Con Gonzalo Martínez Pato, Rafa Ramírez y Elena Alfaro

Musica en directo: Tito González Sicilia y Joel Miguel Garcia (compuesta por Istarman)

Dirigida por Íñigo Castanedo

Teatro La Guindalera, Madrid.

Asociación Cultural El Mono Infinito

¿Qué define realmente a una compañía de teatro amateur? En un ecosistema cultural idóneo, que protegiera y dignificara a sus creadores, la respuesta sería tan sencilla como objetiva: una formación de aficionados es aquella cuyos integrantes no dependen de la taquilla para subsistir, entregándose a la escena por pura devoción o, valga el tópico, por amor al arte. Sin embargo, la realidad de nuestro país distorsiona cualquier definición teórica: con apenas una cuarta parte de los profesionales logrando vivir exclusivamente de las artes escénicas, la precariedad difumina las fronteras. Paradójicamente, es esta misma periferia comercial la que a menudo se convierte en el reducto de las propuestas más estimulantes. Mientras el teatro de corte estrictamente institucional o comercial —atado a la complacencia de sus financiadores— perpetra a veces artefactos que solo sostienen su engranaje gracias al presupuesto que llevan detrás, las compañías independientes hallan en su vulnerabilidad económica una inusitada libertad para la experimentación de lenguajes y formas.

El mejor ejemplo de esta resistencia creativa nos lo ofrece una asociación cultural que, tras dos años de riguroso y paciente proceso de maduración, pone en pie un sugerente trabajo a partir de una pieza concebida originalmente por Harold Pinter para el medio radiofónico. La obra se adentra con pulso firme en los pliegues más siniestros y asfixiantes del entorno laboral. En su traslación escénica, destaca el acierto de incorporar elementos analógicos como el código del radiotaxi, que opera como un inteligente dispositivo metateatral. Este recurso no solo evoca la textura defectuosa de las antiguas emisiones radiofónicas, sino que introduce una sugerente interrupción sonora —próxima al código de un walkie-talkie— que fragmenta la linealidad de la acción con gran eficacia dramática.

Apuntala y dinamiza la puesta en escena una estupenda música en directo que, tras una sugerente obertura que introduce al espectador en la atmósfera de la pieza, se repliega con inteligencia para ejercer de música incidental, emulando de nuevo con rigor las viejas fórmulas del serial radiofónico.

En definitiva, nos encontramos ante una pequeña joya oculta —demasiado invisible, por desgracia, en los márgenes de las programaciones oficiales— que el espectador puede disfrutar de forma gratuita; un regalo que nos devuelve a la esencia misma del teatro vocacional y que puede descubrirse en el siguiente enlace. Una cita imprescindible con el teatro que se arriesga a pensar.

Comentarios

Lo más leido