Obra. Duración. Zona. - O formas de decir la casa
Gabriela Burgos y Pablo Orteu
El Umbral de Primavera, Madrid
Asistir a Obra. Duración. Zona. en El Umbral de Primavera es, de entrada, aceptar un pacto de incertidumbre. Estamos ante una pieza genuinamente inclasificable, y es precisamente en esa resistencia a la etiqueta donde reside su mayor interés. Aquí no se viene a descifrar un enigma con lógica académica, sino a dejarse atravesar por emociones e interrogantes que nacen de lo inesperado.
La propuesta arranca con una carga visual poderosa. Durante el primer bloque, los performers despliegan ante nosotros una serie de imágenes hipnóticas de Madrid. No son solo fotografías; es un ejercicio de ocupación del espacio teatral a través de la luz y la arquitectura urbana, logrando que las paredes de la sala respiren el asfalto de la capital.
El giro hacia la palabra marca el segundo acto, donde el tono vira hacia una sátira brillante. Los creadores adoptan la piel de urbanistas de alto nivel, manejando una jerga técnica —probablemente inventada— que, lejos de confundir, desata la carcajada del espectador. Es un lenguaje que suena a poder y planificación, pero que se desmorona ante lo absurdo.
Bajo esta mirada, Madrid deja de ser un plano para convertirse en un cuerpo: los barrios, señalados en el mapa pero nunca nombrados, se transforman en objetos o figuras femeninas. La genialidad surge en las propuestas "urbanísticas" para cada zona, ejemplificadas en ingenios tan surrealistas como la bicicleta de circular estirado, que se exhibe in situ como prueba de esta teoría del absurdo.
En su tramo final, la obra rompe definitivamente la cuarta pared. El público deja de ser un observador pasivo para manipular instrumentos propios de la ingeniería de caminos y quizá otros objetos de invención puramente artística. La barrera entre el creador y el visitante se disuelve, culminando en un final abierto y orgánico: la pieza no termina con un aplauso protocolario, sino que se diluye, permitiendo que cada uno abandone el espacio cuando sienta que su experiencia ha concluido.
¿Es teatro? Probablemente los creadores presentarían una queja formal si intentáramos enjaularlos en esa definición. Obra. Duración. Zona. habita en ese territorio fronterizo entre la instalación y la performance. Es una experiencia sobre cómo habitamos la ciudad y cómo la ciudad nos habita a nosotros. Una propuesta necesaria para quienes buscan en la escena algo más que una historia: una zona de libertad absoluta.






Comentarios