Tot fent "la bella Helena"




A partir de la opereta de Jacques Offenbach

Escrita y dirigida por Miquel Mas Fiol

Direcció musical de Pablo Ruz

Con Sergi Boqué, Jordi Cornudella, Gerard Franch, Carme Milan, Lluís Oliver, Mel Salvatierra i Núria Vinyals


Teatre Lliure (Gràcia), Barcelona.

Harta del moderneo, del brillo efímero del star system catalán y de una cierta desilusión colectiva que empapa el panorama cultural, una joven y audaz compañía decide lanzarse al vacío. ¿Su misión? Rescatar y reponer aquel montaje fundacional con el que el Teatre Lliure –que celebra ahora sus bodas de oro– inauguró su leyenda en 1976: la descarada opereta La bella Helena.

El resultado es un artefacto escénico poliédrico que se deja leer en tres niveles de profundidad creciente. En primer lugar, tenemos la partitura de Jacques Offenbach. Aunque la obra no se despliega íntegra por razones obvias, brilla con luz propia gracias a una ejecución musical impecable, reducida al pulso íntimo de un trío (piano, flauta travesera y violín) que sostiene a unos intérpretes en estado de gracia. Este estrato musical dialoga directamente con proyecciones de archivos del 76, donde desfilan rostros míticos como los de Lizarán, Colomé, Homar o Puigcorbé. Ver aquellas imágenes provoca una sana sacudida: la constatación de cuán amateur y precaria era aquella semilla original. ¡Qué inmenso mérito el de aquellos pioneros!

El segundo nivel se adentra en la intrahistoria del propio Lliure, quizás el terreno más resbaladizo y polémico de la propuesta por la tensión entre lo que se dice y lo que se silencia. Incluso en las familias mejor avenidas se cuecen habas, y algunos apuntes del libreto rozan un riesgo que puede incomodar. No obstante, la aparición fantasmal que el espectador descubrirá en la sala compensa con creces cualquier aspereza, convirtiéndose en un tributo tan bellísimo como emocionante a los fundadores que ya nos han dejado.

Con todo, el verdadero núcleo del montaje late en su tercer plano: los entresijos de la propia profesión teatral. Es ahí donde la función despliega su verdad más descarnada. Amor y odio, rivalidades soterradas, camaradería a prueba de bombas, abismos donde todo parece venirse abajo y crisis existenciales que asaltan en el peor momento posible. Todo se mueve en un delicado equilibrio agridulce que destila una autenticidad magnética. Quien se haya asomado siquiera de puntillas a un proceso de creación escénica reconocerá de inmediato el pulso y se dejará cautivar.

Tot fent 'La bella Helena' es, en definitiva, una pequeña obra maestra de trinchera y la confirmación de un director al que conviene seguir muy de cerca la pista. El teatro sigue sangrando, y por eso mismo sigue vivo.

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