Saúl y la noche
De Beatriz Jaén y Pepa Zaragoza
Con Pepa Zaragoza, Daniel Moreno y Marc Romero
La pieza nos sitúa frente a una premisa que, pese a su aparente cotidianeidad, encierra una de las fracturas más complejas de la contemporaneidad: el choque ideológico en el seno de una familia de tradición progresista ante la deriva radical de su hijo hacia la extrema derecha. Sin embargo, el gran acierto de este montaje es que no se conforma con el panfleto político; el conflicto transmuta ágilmente para revelar una patología mucho más profunda: la incapacidad sistémica de comunicación y el distanciamiento dialéctico que sufren sus protagonistas.
La obra disecciona con precisión quirúrgica cómo, en el intento de tender puentes, los personajes solo logran ensanchar la sima que los separa. Se plantea así una interrogante incómoda pero necesaria: ¿estamos ante el sempiterno conflicto generacional de la adolescencia o ante una nueva forma de aislamiento propiciada por la manipulación algorítmica de la juventud?.
Uno de los momentos de mayor calado emocional y estructural ocurre cuando la representación se pliega sobre sí misma. La coautora, Pepa Zaragoza, rompe la cuarta pared para introducir un relato documental: la historia de su propio abuelo, víctima de la Guerra Civil. En ese instante, la actriz se despoja del artificio para dialogar directamente con el patio de butacas, dotando a la memoria histórica de una dimensión tangible y orgánica. Es aquí donde surge la tesis más esperanzadora de la obra: la posibilidad de un reencuentro a través de la construcción de un relato compartido.
No obstante, el pilar maestro es su inteligencia textual. El libreto elude con elegancia el maniqueísmo y la simplificación, ofreciendo un mapa de conflictos actuales que interpela al espectador sin ofrecer soluciones fáciles. Un ejercicio teatral necesario que utiliza el pasado para intentar arrojar luz sobre las sombras de nuestro presente.






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