The End of Eddy


 

Basado en la novela En finir avec Eddy Bellegueule de Édouard Louis, adaptado por Pamela Carter
Con Kwaku Mills y Alex Austin

Dirigido por Stewart Laing

The Studio, Edinburgh

Única obra que hemos visto en Edimburgo fuera del Fringe, tiene un presupuesto de producción más elevado  y se representa en un recinto más exclusivo para teatro. Es una adaptación del (merecido) éxito de ventas de hace unos tres años, en la que se nos cuenta no solamente el acoso y el trauma que sufre un niño por ser gay, sino como éste es todavía peor cuando se dan condiciones de pobreza, alcoholismo, violencia, dominación o racismo en una sociedad. El hecho de que se produzcan casos como los contados en el siglo XXI aporta más dureza aún a la historia.

Con un curioso enfoque meta y por ende antinaturalista (nos ha rememorado a esos Brecht en los que se detiene la acción para hacer reflexionar al público), se nos recuerda constantemente que lo que estamos viendo es la adaptación de una novela. También es bastante peculiar una dramaturgia en la que los dos actores hacen un sólo papel (quizá hay un desdoble entre acción y reflexión, entre pasión y aplomo) y al mismo tiempo hagan varios papeles apoyados por pantallas que suben y bajan, que están en primera linea del escenario, y que representan diversos personajes: la madre, el hermano mayor, el padre... Hay también una referencia a una parada de autobús, una posible escapatoria del pueblo que siempre está ahí, pero en segundo plano.
 

Al principio desconcierta, y hasta irrita, tanta deconstrucción y aparente confusión. ¿Por qué tanto plasma? A lo mejor es una solución que han encontrado los creadores para resumir el libro y resaltar las ideas principales, creo yo. Hay que poner atención ante tanta distracción y seguramente es lo que quieren adaptadora y director. Pero una vez entrados en este juego, el resultado es maravilloso: nos emocionamos y entendemos perfectamente lo que quieren hacernos sentir. Evidentemente los dos jovenes actores, asombrosos y en estado de gracia, son los que nos llevan por este camino de comprehensión de una realidad que creemos que ya no se da, o desconocemos por completo, o desmitificamos (la clase obrera, por ejemplo, puede ser muy conservadora y reaccionaria). Pero algo cambia dentro nuestro al ver esta función.

Esto lo podría traer un Álex Rigola, un Carlos Be o hacerse en un Teatro del Barrio o en el Lliure de Barcelona, para que vean del nivelazo del que estamos hablando.


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