Jesus Christ Superstar



de Tim Rice y Andrew Lloyd Weber
Con Ted Neeley, Nick Maia , Paride Acacia, Simona Di Stefano, Andrea Di Persio, Francesco Mastroianni, Giorgio Adamo, Salvador Axel Torrisi, Mattia Braghero

Dirigido por Massimo Romeo Piparo
Teatro de la Luz Philips Gran Via, Madrid

Una curiosa producción de la ópera-rock más famosa de todos los tiempos, directamente desde Broadway, llevada a cabo por la comunidad italiana de New York, aunque con dos figuras que sobresalen: el tejano Ted Neeley, que interpretó a Jesús ya en la pelícua de los años 70 y sigue cantando como los dioses (perdón por el chiste fácil) y la estrella brasileña Nick Maia en el papel de Judas.


Uno se explaya, intenta buscar la manera de escribir unas líneas sobre las producciones españolas de teatro y de repente ve esto y se queda sin palabras: perfección absoluta. Cantan, actúan y bailan de una manera tal que las vibraciones llegan a cualquier punto de la inmensa sala donde se representa esta musical. No es que tengamos malos profesionales en nuestro país, es que en los países anglosajones la competencia es feroz (y no hay segundón que lo haga regular) y tienen muy claro que tienen que gustar, que se deben al público porque tienen que llenar el teatro dos veces al día para cobrar un sueldo digno. Esto no redunda en la calidad de las producciones, más bien al contrario: si lo haces bien tendrás una buena crítica, pero si logras hacer algo maravilloso, llenarás el teatro. Esta gente lo llena, ahora de gira. 

Vamos a contarles sucintamente lo que vimos, que es imposible prácticamente de transmitir. Una primera parte muy sobresaliente, con sus efectos especiales, su banda de rock en el escenario que aparecía o desaperecía para dar más espacio a la escenografía, en contraste con la parte más orquestal de la música que se encuentra semiescondida en el telar. Ted Neeley y Nick Maia, con Simona DiStefano (Maria Magdalena) se  llevan los grandes aplausos del público. Todos en realidad se lo llevan.


Pero en la segunda parte es como si el teatro se viniera abajo. Cogido ya el tono superstar de los personajes y del musical, aparecen números y personajes todavía más sorprendentes que van subiendo, subiendo hasta la apoteosis final con el ya conocido Jesus Christ Superstar. En ese momento ya el público se lo está pasando igual de bien que los intérpretes y la comunión (otro chiste fácil) entre ellos es única y espectacular.

Una bendición haberlo podido ver, algo que le queda a uno para toda la vida.

Doy gracias a otro Jesús, Jesús Corral, que me dió el chivatazo (venían por pocos días) y a Álex Castellá, que compró las entradas.

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